Estado de la teleformación: círculo virtuoso, círculo vicioso (1)

¿Cómo está la teleformación? La pregunta no es inocente. Las entidades que prestan servicios de formación en las empresas en la modalidad e-learning o teleformación saben que sus resultados son manifiestamente mejorables y que el grado de satisfacción de los alumnos deja mucho que desear por no decir que expresan una clara frustración.

Si analizamos los contenidos de las plataformas de teleformación que hay en el mercado, y sin ánimo de ofender porque unas están más trabajadas que otras, en general son de más que dudosa eficacia y carecen de atractivo para el alumno; son incapaces de atraparlo en un círculo virtuoso de aprendizaje motivacional que lo conduzca por un bucle del que no quiera salir porque la recompensa en cada fin de etapa es un buen aprendizaje de habilidades y conocimientos técnicos.

Formulemos la pregunta alto y claro: ¿por qué no funciona la teleformación en España? En un primer análisis de sus causas nos encontramos con unas que son intrínsecas a la propia formación y otras,  extrínsecas. De las últimas no hablaré en esta ocasión. Desde el punto de vista interno a la propia modalidad, la formación on-line no es eficaz debido a varias disfunciones o vicios enquistados que paso a enumerar a continuación:

  • Porque las acciones formativas, en la mayoría de los casos, se reducen a una simple digitalización de contenidos impresos. No están adaptados, pues, a la modalidad online.
  • Porque, en demasiadas ocasiones, la acción formativa ha sido un pretexto para otra cosa, no una herramienta de aprendizaje de conocimientos técnicos y habilidades: sus contenidos y sobre todo su secuenciación horaria han tenido más que ver con otras variables ajenas a la propia formación, llámese bonificación, subvención u otras.
  • Porque no se ha dado importancia a un elemento fundamental en el proceso de enseñar-aprender en general: el ser humano es un animal social y precisa establecer un vínculo con sus compañeros de estudio, por una parte; con los tutores, de forma principal y, en menor medida, con la entidad de formación, para sentirse integrado en un proyecto de enseñanza-aprendizaje de prestigio que le merezca la suficiente garantía que actúe como palanca motivacional.
  • Porque en la formación en el ámbito laboral han metido la mano agentes sociales, individuos e instituciones que poco o nada tenían que ver con la formación, y la profesionalidad y competencia se han visto seriamente comprometidas.
  • Porque cuando, por estos y otros motivos, la formación se ha desprestigiado tanto, el usuario no está como para discernir lo malo de lo bueno,  o lo mediocre de lo óptimo y todo lo mete en el mismo saco.

Así las cosas, lo que procede por parte de los proveedores de contenidos en primer lugar, y de las entidades de formación en general,  es hacer autocrítica y el consecuente firme propósito de salir de ese círculo vicioso que impide que la teleformación funcione. Mientras esto no ocurra, analizar otros aspectos y tirar piedras sobre  los destinatarios de la formación y las empresas será una tarea inútil.

En una próxima entrada hablaré sobre las ventajas e inconvenientes de la teleformación y haré una propuesta para la mejora de la formación e-learning u online.

Próximos cursos:

Valencia, 9 de abril 2016: Comprobaciones, alegaciones, costes y puntos críticos en la formación programada

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